La presencia en las calles de Pecados y Danzantes hace que miles de curiosos que visitan este municipio azafranero saquen sus cámaras y móviles para contar en directo la riqueza que la cultura popular ha ido adquiriendo a los largo de los siglos.

Un enrevesado repertorio de personajes puede hacer que no te percates al detalle de la trama de esta especie de auto sacramental con vocación barroca. La visita al Museo Etnológico de Camuñas, ubicado en la plaza Vieja y dedicado casi exclusivamente a este día, hará que nuestra curiosidad se avive y podamos comprender esta joya declarada de Interés Turístico Nacional.

Si cerramos los ojos y agudizamos el oído, un sonido vibrante y repetitivo suena con eco por las calles del pueblo. Es el Porra que llega con su maza marcando un ritmo que sigue un coro de sonajas, tambor y castañuelas. Una sensación inquietante nos pone alerta y nos traslada a sones ancestrales de otras culturas lejanas.

Ahí llegan los Pecados y Danzantes, el Bien y el Mal. Los primeros, con largas varas y máscaras de cartón de rojo vivo, nariz chata y cuernos encintados, se suceden en impetuosas carreras que terminan con un salto delante la cruz y clavando la rodilla en la tierra. El maligno cae derrotado y se desenmascara cabizbajo ante la victoria de la Gracia.

Si la Pecadilla, el Correa o el Pecado Mayor son los personajes principales entre los Pecados; el Capitán, el Alcalde y el Judío Mayor son la máxima jerarquía de los Danzantes y, tanto unos como otros, se ganan su puesto por una antigüedad que acredita su respeto. Secundarios de primera de este reparto son el Porra, el Tambor, el Cordel y el Escopetero. La Madama, símbolo de la Gracia y el único papel femenino del elenco, también lo interpreta un varón vestido con enaguas adornadas de puntillas, pololos y miriñaque. La destreza, la agilidad y el sentido del ritmo suplen a la exigida veteranía del resto.

Sin Danzantes no habría Pecados y aunque se contrapongan unos a los otros, la presencia de los primeros no tendría sentido si no existiesen "los malos". Vestidos con pantalón blanco y cintas de colores a la cintura, sus máscaras, del mismo rojo que la de los Pecados, tienen grandes huecos en los ojos y una nariz arqueada. Al compás de sus sonajas, acompañando al resto del séquito procesional, se alejan del casco urbano de Camuñas para seguir su fiesta en las casas de los cofrades y dejar la disciplina de la carrera oficial.

 

Localización

Camuñas