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Tordera

Una vida marcada por el río

El río Tordera no solo determina el nombre de este municipio sino que ha marcado su historia y define su día a día. Muchos de los recuerdos, patrimonio y paisajes están estrechamente vinculados con él y buen ejemplo de ello son dos de los lugares más representativos del término, el Pont de Ferro, reconstruido varias veces a causa de las riadas, y la isla fluvial que creó el propio río en 1907 y que hoy alberga un espléndido parque con fantásticos rincones para pasear.

La Iglesia de Sant Esteve, con un esbelto campanario románico, es el centro neurálgico de la villa, pero no el geográfico, y preside la Plaça de l’Esglèsia, un amplio espacio con un privilegiado mirador al río. Muy cerca se inicia el Camí Ral –una de las calles comerciales más animadas– que sigue el trazado de la antigua Via Augusta con edificios en los que destacan elementos modernistas. Si hay que elegir un día para visitar Tordera, que sea domingo. Desde hace siglos esta localidad celebra su mercado semanal las mañanas dominicales, una cita a la que acuden más de cuarenta mil personas y en la que se puede encontrar todo tipo de productos.

Tordera está rodeada por el Parc Natural del Montnegre-Corredor, con amplios bosques mediterráneos por los que es una delicia hacer excursiones. Una de las más aconsejables es la que lleva hasta el pequeño núcleo de Hortsavinyà, en el que se erige la iglesia de Sant Llop, de origen románico y aspecto barroco, en frente de la cual se encuentra una oficina de información del parque.

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