{{title}}
{{buttonText}}

Convento de la Almoraima

Castellar de la Frontera, Cádiz

Compartir

Castellar de la Frontera tiene dos cuerpos, Castellar Viejo y Nuevo, y un solo alma, la Almoraima. La primera referencia que lleva su nombre es la Torre de la Almoraima, una torre vigía y de señales de la época árabe. En caso de invasión, una fogata ardía sobre el terrado de la cubierta para avisar a las torres colindantes de la fortaleza del peligro que se aproximaba. En el s. XIX se aprovecha como prisión y años posteriores se construye, adosada a ella, el cuartel de la Guardia Civil. De base cuadrada y gruesos muros, bien de interés cultural, tiene una altura de 14 metros. El acople de la nueva edificación y la transformación de la fachada, bajo una capa de cemento y cal, no le han hecho perder su vieja estructura ni su antiguo cometido. Desde lo alto, observa.
Escrituras de 1603 dicen que el convento que lleva su nombre se levantó frente a la Torre como morada de los Monjes Mercedarios Descalzos, gracias a las familias nobiliarias que prestaron su ayuda a la orden. Una hermosa y elevada torre de estructura poligonal adorna y preside la fachada principal del convento; a semejanza de su homónima, resalta el conjunto y desde lo alto, nos mira. Pero esta torre quiere ser mirada y admirada en su recogimiento.
El convento gozó de la protección de los condes de Castellar hasta su expropiación, durante la desamortización. Los monjes marcharon. Años después, el Ducado de Medinaceli recuperó la propiedad y convirtió las tierras del convento en selecto coto de caza y las dependencias del convento, en lujosa residencia de invitados. Durante la contienda civil, las monjas adoratrices lo convirtieron en un hospital para heridos. En 1945, la empresa corchera La Almoraima aprovecha sus instalaciones y desde ahí explota la riqueza que genera el corcho arrancado a los alcornocales cercanos (una de las mayores concentraciones de árbol de este tipo en toda Europa). En los años 70, declarada en quiebra, es adquirida por la familia Ruiz Mateos, y años después, formando parte de la expropiación de Rumasa, pasa a ser Patrimonio del Estado.
La belleza y la riqueza de este paraje, en su entorno natural único y las hermosas edificaciones que el pasado ha legado, laten en esta tierra con el eco de un solo nombre: Almoraima. El alma del lugar.

Localización

Ctra Algeciras-Ronda s/n, 11350 Castellar de la Frontera