Establecimientos gastrónomicos más buscados
Lugares de interés más visitados
Lo sentimos, no hay resultados para tu búsqueda. ¡Prueba otra vez!
Añadir evento al calendario
Vigo vive contemplando con orgullo su propia ría. Imposible de ignorar cuando observamos el movimiento infinito de su puerto –que alberga la mayor lonja de pescado fresco de Europa y es considerado uno de los puertos pesqueros más importantes del mundo–, pisamos sus mercados, nos adentramos en sus cocinas o nos apropiamos de sus barras. El restaurante CaMucha, ubicado en una casita apartada en el mítico barrio obrero de Teis, cae sobre ella desde una colina y reescribe su carta cada día con lo que esta ofrece, siempre bajo la premisa de la sencillez, la frescura y la necesidad de preservar la tradición.
Isidro Arosa y Paula Figueroa abrieron CaMucha en mayo de 2024. Ni el nombre ni la ubicación son casualidad: Mucha, la abuela de Paula, era la propietaria de este local y lo regentó en forma de bar y ultramarinos entre 1963 y 1977, momento en que decidió alquilarlo y montar su tienda, esta vez sin bar, en el bajo de enfrente. Esta pareja se conoció estudiando Hostelería en Santiago de Compostela a finales de los noventa y, desde entonces, han pasado por cocinas de hoteles, caterings, restaurantes, hospitales o comedores escolares de Vigo, Pontevedra, La Toja o Tenerife. Comenzaron su educación en la cocina tradicional y les pilló el auge de la cocina experimental.
“Antes hacíamos otro tipo de cocina –más contemporánea, más conceptual–, pero cuando se nos planteó el tema de abrir esto, en ningún momento pensamos en seguir en esa línea, porque la cocina tradicional es algo que se está extinguiendo”, dice Isidro, mientras prepara, a ojo y tacto, la masa de la empanada de millo que hornean cada día con el relleno que dictaminen las plazas de abastos de Teis y O Calvario, a las que acude puntual cada mañana a las ocho y media a por pescado –que elige en base a los comensales y reservas del día– y fruta para desayunar en el restaurante. Haber retomado esta cocina se percibe en él con alivio y firmeza; la rotundidad de sus palabras está envuelta de dulzura y humildad. “Queremos recuperar cosas que sencillamente se hacían antes en las casas: escabeches, empanadas, pescados al horno...”, explica sobre su propuesta, basada en la rotación rápida del producto, la temporada y las elaboraciones sencillas.
Se les presentó la oportunidad de montar algo propio antes de la pandemia, después se paró el mundo y, en 2021, empezaron con la obra, que hicieron ellos mismos. Picaron paredes y suelo para encontrarse con la piedra y la baldosa hidráulica originales, montaron desde cero una cocina estrecha y alargada tras la barra, pintaron el techo, modernizaron el baño y la terraza y llenaron el pequeño comedor para veinte personas con mobiliario nuevo y vajilla de fábricas extintas. Una casa de comidas con un glow up. Cuando abrieron sus puertas, apenas tardaron dos meses en llenar a diario gracias al boca a boca y a un menú que permite repetir con asiduidad. “Tenemos clientes que vienen todas las semanas o cada quince días. Muchos vienen a comer comida “de casa” cuando necesitan esos sabores de antes”, puntualiza el cocinero. Estas recetas tradicionales se han convertido en nostalgia perseguida, en un rasgo de atrevimiento y, paradójicamente, de originalidad.
La breve carta en papel presenta la esencia casi inmutable de CaMucha, mientras que el panel de acero inoxidable sobre la cocina se borra y se pinta con el dinamismo de la lonja –hoy leemos “rodaballo, coruxo, rape, peixe porco, besugo, lubina y sargo”, seguidos de su peso y precio– y los fueras de carta. En primavera brotan espárragos, alcachofas y guisantes; en verano, sardinas, bonito y tomates; en invierno, los callos; en época de caza entran setas, jabalí o perdiz escabechada. Se puede pedir a la carta –imprescindibles sus pescados al horno para compartir– o elegir su “menú CaMucha”, una opción muy recomendable para quien busque sumergirse a fondo en su propuesta, que consta de cinco pases (tres entrantes, un pescado y una carne), postre a elegir y café por 42 euros.
Pablo Márquez, sumiller autodidacta multitarea –pule cubiertos y copas, limpia mejillones, sirve pescados, calma la sed– y único camarero en la sala, aparece con un aperitivo de mantequilla de ajo asado y pimentón, pan de masa madre con pipas y un toque de zanahoria de la Panadería Rosalía, regañás y una botella muy fría de Bagos de Salavedro 2003, un vino libre sin Denominación de Origen que elaboran Ana Lobato y Pablo Dapena dentro de su proyecto Soños do Desterro (Val do Avia, Ourense).
En su carta de vinos ofrece referencias de bodegas singulares y otras más reconocibles de España, Francia, Italia o Alemania, con especial atención a Galicia. “No queremos tener lo que tiene todo el mundo, pero hay que mantener opciones con un perfil más clásico. No puedes obligar a la gente a beber lo que tú quieras, porque aquí se viene a disfrutar”, explica Pablo, que se ha ganado la confianza de los más habituales para beber aquello que él sugiera. Tras dos sorbos y un bocado de pan con mantequilla, la sala está completa a golpe de jueves a mediodía.
Sale su empanada de millo casera, esta vez con un relleno de sardina fresca –las primeras de la temporada– que han comprado esta mañana en el puesto de Roberto, en el Mercado de Teis. Una masa fina y crujiente que no se resquebraja; un relleno jugosísimo, todavía caliente, que juega en equipo con el sofrito y la harina de maíz. Normalmente la elaboran de congrio –a Isidro le encanta– del puesto de Chata en O Calvario. Sin la relación de confianza y fidelidad que tiene con sus pescaderos, el restaurante estaría a medias.
Sus escabeches llegan a la mesa y uno se abastece de pan. El de mejillón lo elaboran en dos pasos: parten de una ajada tradicional que decantan y clarifican de un día para otro, e infusionan un aceite con mucho ajo, laurel y pimienta negra con vinagre de vino blanco. Los mejillones, tersos y de un tamaño que alegra, se sirven con una combinación de ambos aceites y unas rodajas de zanahoria al dente. El vegetal, un escabeche blanco que se prepara en la misma tartera en la que se cocinan las verduras, contiene shiitake, calabaza, calabacín de su huerta, nabo, rabanito, cebolla y ajo. “Lo más importante es añadir las verduras en función de su tiempo de cocinado: lo que tarda más lo metes antes y lo que tarda menos lo metes al final, o incluso con el fuego apagado”, cuenta Isidro mientras enharina y fríe cuatro kilos de chinchos para su otro escabeche con color.
Ayer recibieron una pieza de bonito de Burela y también decidieron escabechar sus lomos. Con ellos, coronan una ensaladilla de patata chafada, zanahoria, huevo y atún arropada por ese punto a vinagre que invita a separar las lascas del bonito una a una y mezclarlo todo. Su ventresca, manjar delicado por el que vale la pena pelear, se marca a la plancha y se termina en el horno durante 3 minutos sobre una cama de patata panadera frita y cebolla pochada y se finaliza con un refrito de ajo y cebollino fresco. El margen de error con esta pieza es enorme; aún así, lo clavan. Tanto que se apoderan las ganas de abandonar los cubiertos y recurrir a las manos para devolver las espinas completamente desnudas.
En otras mesas, Pablo limpia y emplata coruxos, sargos o peixes porco (pez ballesta), una especie difícil de encontrar en otros restaurantes de la zona y motivo de presencia de mucha clientela. Regresa a la nuestra con dos postres clásicos –flan de huevo cremoso y una torrjia con helado de nata cuyo olor enmudece– y los acompaña con una selección inmensa de vinos dulces y sidra de hielo de la que se enorgullece. Cualquier elección es un acierto.
Durante el servicio, en la cocina no se escucha ni pío. En la sala, grupos de familias y amigos comen y beben como si fuera viernes noche. El cariño que se pone en cada elaboración se contagia en caras de agradecimiento, placer y fortuna por haber conseguido una reserva. Emocionar con un recetario tan reconocible, sin pretensiones y accesible está solo al alcance de unos pocos. Cuando terminas de comer en CaMucha, se te activa una voz en la cabeza: ¿Qué más se puede pedir?
CAMUCHA - Baixada Rotea, 68. Vigo (Pontevedra). Tel: 886 905 374.
En general... ¿cómo valorarías la web de Guía Repsol?
Dinos qué opinas para poder mejorar tu experiencia
¡Gracias por tu ayuda!
La tendremos en cuenta para hacer de Guía Repsol un lugar por el que querrás brindar. ¡Chin, chin!