Camuñas

Camuñas

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El primer fin de semana de agosto siempre es 1808 en Camuñas. A esa fecha se viaja para rendir homenaje a Francisco Sánchez Fernández, Francisquete, recordado por la historia como un feroz guerrillero contra los franceses en la Guerra de la Independencia: el Tío Camuñas. En medio de un ambiente festivo muy apetecible, su figura queda recordada gracias a llamativas y muy cuidadas representaciones teatrales (El Juramento de Guerrillero), conferencias, exposiciones y muestras de viejos oficios artesanales, un modo de mantener presente tanto el personaje como las costumbres de su tiempo. Se celebra desde 2008, segundo centenario de la contienda.

Pero la visita a esta localidad de La Mancha bien podría hacerse el Domingo de Resurrección o el día del Corpus Christi, cuando se vive con intensidad la Fiesta de los Danzantes y Pescados, declarada de interés turístico nacional. Baile, máscaras, coloridas vestimentas y música se mezclan en una representación espectacular que recobra la fuerza de los autos sacramentales y las obras dramáticas del Siglo de Oro, con personajes que simbolizan la fe, la esperanza, la fortaleza, la caridad o la templanza.

Habrá tiempo, en todo caso, para darse un paseo por el pueblo, por sus calles anchas de casas bajas, buscando, por ejemplo, la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción, de sencillo estilo neoclásico, empezada a construir en 1794, o el muy característico reloj municipal, en una torre blanca (de basamento azul) que se yergue en mitad de la plaza Ramón y Cajal, en la trasera de la iglesia. Desde allí sus campanadas se oyen en todo el pueblo. Se construyó en 1910 por pura lógica: no todo el mundo tenía reloj en aquel tiempo, y desde entonces da las horas en punto y a media.

Desde allí, como guinda, debería cruzarse el pueblo en busca de la calle de Sancho Panza, donde se levanta otro de los orgullos de Camuñas: su molino de viento, todavía en marcha.

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