Chueca

Calles anchas y buen paseo en tierra de agricultores

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En la llanura situada al sur de la capital toledana, Chueca es sinónimo de tranquilidad y sosiego. Sus calles anchas y de casas bajas regalan al visitante un lugar agradable para caminar, abierto y espacioso, con algunas coquetas plazas como la del Egido, con su fuente de tres leones.

Durante ese paseo apacible el viajero podrá buscar la iglesia de Santa María Magdalena, construida entre los siglos XVI y XVII, bien conservada en el exterior (mampostería y ladrillo visto); por dentro merece la pena verse el artesonado mudéjar que cubre longitudinalmente la nave. Junto al anterior, uno de los monumentos destacables es la Casa de La Trinidad, edificio del siglo XVIII que se articula alrededor de un patio central, al que se accede a través de un amplio zaguán cerrado por un portalón. Lo que más llama la atención, en todo caso, es la robusta torre cuadrada que se levanta sobre la puerta.

Otra torre, redonda en esta ocasión, resulta visible desde varios puntos del pueblo: se trata de un depósito de agua encalado de blanco, con las figuras metálicas de don Quijote y Sancho sobre él. Y fuera de los límites del casco urbano (pequeño, fácilmente visitable) se mantiene el interés: aún se conservan varias pequeñas norias de madera construidas para aprovechar el agua subterránea. Cuando se estén buscando, convendrá también mirar al cielo: se trata de una zona de dispersión del águila imperial. Y de un territorio, además, en el que llaman la atención los berrocales y lanchares de granito, elementos geomorfológicos de protección especial. 

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