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Escorca

La belleza atrapada entre playa y montaña

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A pesar de poseer algunas de las calas y rincones más buscados por los turistas sería equivocado pensar en Escorca como un mero destino de sol de playa en la costa de Mallorca. Para empezar, dentro de este municipio se encuentra el famoso monasterio de Lluc, lugar de peregrinaje por excelencia en la isla por cobijar la imagen de la patrona de Mallorca, la Virgen de Lluc. El templo es también un paraje de extraordinario sosiego gracias a su ubicación, esos 400 metros de altura sobre el nivel del mar que marcan distancias con cualquier preocupación terrenal.

Junto al monasterio de Lluc, el otro gran activo del pueblo es su excepcional entorno, regalo de esa sierra de Tramontana por la que reparte sus núcleos de población. A vista de pájaro, parecen poco más que pequeñas manchas de civilización en mitad de una montaña que impone su ley natural. Repartidos en ese rudo territorio hay por lo menos tres parajes cuya belleza esculpida por la Naturaleza merecería el calificativo de “patrimonio natural de Escorca”. El primero es el Torrente de Pareis, que esquiva sinuosamente los ásperos desfiladeros de la Tramontana hasta alcanzar la costa en La Calobra, una bella cala bañista que surge abruptamente entre dos enormes cañones de piedra. Ella sería segundo paraje imprescindible de nuestra lista. El tercero lo representa otra playa que contrasta con la anterior: Cala Tuent, 180 metros de costa virgen y aguas transparentes recortadas sobre un fondo de verde vegetación.

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