Dicen los que saben que si no se conoce la Mallorca interior realmente no se conoce bien la isla. Para que todos pudiéramos tener ese privilegio, la sierra Tramontana se ha ocupado de envolver y cobijar intacto este pequeño pueblo de Esporles, que en pleno siglo XXI mantiene intacto su encanto medieval, a sólo 12 kilómetros de Palma de Mallorca.

A ello ha contribuido su difícil acceso entre montañas, que lo ha mantenido lejos de las grandes rutas turísticas. A cambio, lleva tiempo en el punto de mira de aquellos que saben disfrutar de un tranquilo paseo entre arboledas y casas de piedra, con los montes asomando sobre las cabezas tras cada vuelta de sus serpenteantes calles. Siguiendo, en este caso, una recta, la calle de Joan Riutort, llegaremos a uno de los rincones más emblemáticos del pueblo: la plazoleta donde conviven el ayuntamiento y la Iglesia parroquial de San Pedro, una de las bellas perlas que esconden estas calles.

En todo caso, el gran tesoro patrimonial de Esporles se encuentra en las afueras. Se trata de La Granja, un paraje que se conoce desde los tiempos de los romanos. Ha sido antiguo convento del Císter, luego mansión señorial y hoy funciona como casa-museo rural plantada en medio de la verde sierra Tramontana.

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