Ojós

Un museo vivo del agua

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La pequeña villa de Ojós es un auténtico museo del agua al aire libre. Es cierto que está en el corazón del Valle de Ricote, y que el paisaje enamora por sí solo. Lo característico de este valle es que está encajonado entre montañas y la construcción de terrazas cultivables dio lugar a ingenios que elevaban el agua de uno a otros niveles de riego, como la Noria de Ojós, de 7 metros de diámetro, y multitud de acequias que aún hoy se siguen utilizando.

En el pueblo, la iglesia parroquial de San Agustín es muy interesante. Es accesible y contiene tesoros de eucaristía, imaginería salzillesca y bellos trajes de la misma tradición. Las casas solariegas dominan la arquitectura civil. La mayoría conserva escudos nobiliarios en sus fachadas. Fuera del casco urbano, impresiona el Paso del Solvente. Merece la pena verlo. Romanos y árabes sabían que protegiendo este paso salvaguardarían la vida y la cotidianeidad del vergel.

Localización