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Oropesa

Inmaculado castillo entre encinas y olivos

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El Castillo de Oropesa es un imán para cualquiera que se anime a acudir a esta localidad toledana, situada entre encinas, olivos y campos de cereal. Desde la Plaza del Navarro, punto de encuentro de vecinos y visitantes, es posible vislumbrar un municipio de hechuras medievales y jalonado por numerosos monumentos civiles y religiosos que otorgan a la villa un sabor muy especial. En otra plaza, la Plaza Vieja, se encuentra su antiguo Ayuntamiento, del siglo XVI y con ventanales mudéjares, que también sirvió como cárcel en tiempos remotos. Justo enfrente encontraremos la torre románica de la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, único vestigio del pasado de un templo del que llama la atención su fachada plateresca. Subiendo una empedrada calle, la Casa de los Jesuitas nos invitará a conocer su patio central rodeado de columnas antes de llegar hasta el antiguo Hospital para pobres de San Juan Bautista, construido sobre una sinagoga judía y que hoy es la sede de la Oficina de Turismo. Llegados a este punto, nos quedará lo mejor, el castillo. Pero antes merece la pena detenerse en el Palacio Condal, un precioso edificio renacentista mandado construir por Francisco Álvarez de Toledo y Pacheco, segundo señor de Oropesa, del que destaca su fachada blasonada y su entrada, que es en realidad un pasadizo que nos conduce a un gran patio con columnas de estilo jónico. A su lado, ahora sí, y completando un Conjunto Histórico-Artístico, se encuentra el emblema de Oropesa, su castillo. Ante él solo cabe sumergirse en la historia a través de sus cinco plantas decoradas con muebles y enseres que nos retrotraen a la Edad Media.

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