Prado del Rey

Receta con fundamento

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Los que entienden saben que una buena receta no precisa ningún componente extraordinario sino mezclar sabiamente sus ingredientes. Algo así le pasa al pueblo gaditano de Prado del Rey. La cucharada que pone en la boca del viajero es tan sabrosa y equilibrada que te será imposible no caer en su encanto. El pueblo forma parte de la ruta de los Pueblos Blancos, lo que viene a ser una garantía de belleza para su casco urbano, en donde las hileras de naranjos y palmeras escoltan a ambos lados las calles de casas blancas y balcones de reja negra. Que no te despiste su trazado de vías paralelas: la base de Prado del Rey es muy antigua. Allí se levantó la ciudad romana de Iptuci, cuyos restos podemos visitar hoy en día, y también los fenicios explotaron las salinas de sus alrededores, dejando su propio toque al conjunto.

Con el paso los siglos, el pueblo creció en importancia agrícola, añadiendo otros regustos andaluces a la receta. Hoy están guardados en el Pósito de labradores, que era el lugar donde se almacenaban el trigo, la cebada, y hoy el edificio más antiguo que queda en el pueblo, de 1790. Un sabor más espiritual es el que añade la iglesia de Nuestra Señora del Carmen, neoclásico del XIX cultivado en pleno del pueblo, en su espaciosa plaza de la Constitución.

Sin querer recargar la receta, Prado del Rey aún tiene más condimentos que añadir para aquel que los necesite: sabores ecológicos, en forma de rutas por los cerros de alrededor, ya sean a caballo, en bici, a pie… Y otros bocados bien tangibles, que dejarán satisfecho al visitante, como el cocido de tagarnina o sus guisos de patatas o judías. Que aproveche.

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