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San Bartolomé de las Abiertas

Aires del siglo XIX entre las dehesas

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En el límite entre las comarcas de la Jara y los Montes de Toledo, entre grandes plantaciones de olivares, dehesas de encinas y campos de cereal, salpicado el paisaje de manantiales y lagunas naturales, este pueblo recibe al viajero para ofrecerle un lugar sosegado, perfecto para una pequeña escapada.

En su casco urbano reclaman la atención edificios como la iglesia de San Bartolomé, de cruz latina y construcción moderna, con cemento gris en el zócalo y pintura beis en el resto. Dentro, artesonados de madera de gran calidad, aunque posteriores a la Guerra Civil. En la misma plaza principal, el ayuntamiento se ubica en la antigua Casa Curato, construida a finales del XIX y con una fachada muy bien ornamentada. Tiene cuatro pilastras acanaladas en relieve, rematadas por capiteles jónicos, que dividen su fachada en tres cuerpos, a los que corresponden tres balcones superiores y la puerta y dos ventanas de la planta inferior. Mezcla los estilos neoclásico y helenístico.

De gran interés es la casa de Getsemaní, levantada hace poco más de cien años, sigue un esquema muy al gusto de la época para los edificios señoriales. Tiene dos plantas, con ventanas en la primera y balcones en la segunda, y una decoración que combina lo clásico con el arte toledano y el estilo neomudéjar. Y fuera del casco urbano no se deben olvidar las casas de labor, muy típicas del siglo XIX, con un ejemplo sobresaliente: la Labranza de Pelaños. También hay numerosos pozos y fuentes, como el de las Escalerillas, los pilones y caño del Elegio.

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