Pura historia, pasado vivo. En cuanto se rasca un poco en la superficie de este pueblo, aparecen el legado visigodo y musulmán, la huella de la Reconquista. San Martín de Montalbán se fundó allá por 1531 y hasta hoy ha conservado, en mejor o peor estado, un patrimonio monumental sobresaliente, tanto en el casco urbano como en el resto del término municipal. Para conocerlo, basta con empezar, por ejemplo, en la plaza del Ayuntamiento.

En un entorno tranquilo, de paseos y charlas, se ubica el Consistorio y sobre todo un monumento tan inesperado como original: la Ventana de Melque. Se trata de una recreación exacta de los vanos de la ermita que le da nombre, y que merece una visita reposada más adelante. En la misma plaza principal encontramos la trasera de la iglesia de San Andrés, con un exterior desde luego nada común, de forma octogonal. Construida en el siglo XVII, fue diseñada por Jorge Manuel Theotocópulus, hijo del Greco. En el interior destacan las pinturas murales realizadas por Boris Lugovskoy (finales del siglo XX), obra de gran belleza y de peculiares formas. Y antes de salir del casco urbano, aún queda buscar la Casa Palacete, con sillería en las esquinas y preciosos balcones de forja.

En el término municipal son de interés el puente romano de la Canasta (sobre el río Torcón), los restos de un molino de agua en la zona de la Cantuérgana y un dolmen cerca del castillo, así como varias tumbas talladas en la roca. Pero lo que de verdad interesa en San Martín de Montalbán es el castillo y la ermita. Aun siendo de origen musulmán, la fortaleza adquirió importancia tras la Reconquista, tras la toma de Toledo por Alfonso VI en 1085. Levantada sobre una garganta del río Torcón, muestra el adarve y sus torres albarranas, con grandes arcos apuntados, así como una gran torre del homenaje. Es una de las fortalezas más grandes de España, y semejante monumento compite en importancia con Santa María de Melque, el templo visigodo mejor conservado de Europa Occidental. Fue edificado en el siglo VIII con influencias tardorromanas y bizantinas, y a base de enormes sillares de granito. En el exterior llaman la atención los arcos de herradura de puertas y ventanas, y el interior lo forman cuatro bóvedas de cañón de gran altura. Una verdadera joya arquitectónica cuya importancia se entenderá mejor en el centro de interpretación habilitado al lado.

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