Calp

Calp

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Desde que llega a su destino por la avenida de los Ejércitos, el visitante ya huele a mar por un lado, a sal de las antiguas Salinas desde donde le saludan los flamencos al otro y a llauna de Calp”, uno de los platos más típicos del pueblo. Este último se queda atrás porque de frente aparece el peñón de Ifach, símbolo de la ciudad y perfecto punto de partida de la visita a Calp. Su Parque Natural proporciona un agradable paseo para disfrutar de la fauna, la flora y las vistas sobre las dos bahías que aporta a la ciudad: al sur, la extensa playa del Arenal-Bol, que por su paseo marítimo conduce hasta el yacimiento romano de los Baños de la Reina, el Molino del Morello (s. XIX) o el puerto; al norte, la playa Fossa o la cala de Les Bassetes, de aguas transparentes y con alguna que otra roca, sin faltar la arena dorada.

A sus faldas, los restos de un poblado íbero amurallado marcan la dirección hacia el casco antiguo, por cuyas calles aparecen vestigios de su segunda fortificación, como el Torreón de la Peça o el Forat de la Mar, brecha abierta en la muralla cuando cesó la amenaza pirata. Más allá de lo militar, se puede admirar el gótico-mudéjar de la iglesia Antigua, adentrarse aún más para llegar al lavadero de la Font (s.XIX) y volver hacia la costa con una parada en la ermita de San Salvador, antes de encontrarse con el contrapunto moderno del peñón: la Muralla Roja, el peculiar (y muy fotogénico) conjunto arquitectónico proyectado por Ricardo Bofill en los años 60 y 70. Las coloridas casas están bañadas por las aguas de La Manzanera, otra de las maravillosas calas del municipio alicantino.  

Calpe es naturaleza, historia, mar y degustar un buen pescado en la plaza de la Constitución con tranquilidad, pero también vivir su algarabía, dado que casi durante todo el año se celebra alguna fiesta. Carnavales, Semana Santa, el Carmen, las Nieves en agosto, moros y cristianos en octubre… faltan dedos de la mano para asistir a todas. Y todo con color, con San Juan y fuego, pólvora y castillos en el aire y de piedra, como las murallas que la vieron crecer, caer y remontarse.

En su momento, el símbolo de Calp no se salvó de la locura hotelera. A finales de los años 50, se empezó a construir un hotel en el peñón de Ifach, pero las obras se paralizaron dos años después. El Ejército se encargó de volar el edificio en 1987, después de que fuese declarado Parque Natural.

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