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Casa Makatza

Zarautz, Gipuzkoa/Guipúzcoa

Como un viejo guerrero que ha colgado las armas y disfruta de su retiro, Casa Makatza descansa discreta en una esquina de la Plaza de la Música. Desde allí se dedica a  contemplar la vida de Zarautz: la gente que para en las terrazas de la explanada, quizá de camino a la playa; los vecinos arremolinados en torno al quiosco de música, y un continuo ir y venir de bicis por delante de su fachada. Los que se paren a contemplarla descubrirán un edificio añejo. Apreciarán, quizá, detalles que insinúan su veteranía, como ese arco ojival que enmarca la planta baja. Sin embargo, el aspecto general, dominado por el ladrillo y el entramado de madera, transmite un aire doméstico que nos despista sobre su pasado. Pero basta dar la vuelta a la esquina para descubrir la verdadera identidad de la Casa Makatza: lo que tenemos delante era hace cinco siglos una antigua fortaleza, una torre defensiva que muestra en esta pared lateral su verdadera cara: un perfil rudo, hijo del belicoso siglo XV, en el que aún se aprecian los huecos de las saeteras, los arcos de medio punto y las gárgolas que servían de canalización para el agua. Es una mutación radical respecto a la cara principal que acabamos de ver desde a la plaza, fruto de sus sucesivos cambios de uso y aspecto, culminados en la rehabilitación llevada a cabo en 1989. Por eso, Casa Makatza, que es Monumento Histórico Artístico de Interés Provincial, vive ahora entre dos mundos: el presente tranquilo que llena sus días y un pasado combativo que aún agita por las noches su alma de soldado.

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