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Molino de viento para los snacks de La Rabiosa, RGR de Alcázar de San Juan.

Dónde comer bueno y barato en Alcázar de San Juan (Ciudad Real)

Comer en un lugar de La Mancha… con molinos, cocinas relucientes y dulces pecados

Actualizado: 24/08/2026

En el corazón de Castilla-La Mancha se celebra en septiembre una de las ferias más populares de la región, la de Alcázar de San Juan (Ciudad Real). La localidad de tradición cervantina, rodeada de molinos de viento, cuenta con varios referentes de la gastronomía y la repostería manchega, donde se combinan tradición y guiños de modernidad en sus Soletes y Restaurantes Guía Repsol.
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Alcázar de San Juan se disputa con Alcalá de Henares (Madrid) ser la cuna que vio nacer a Miguel de Cervantes. Sea como fuere, la localidad ciudadrealeña rezuma por sus calles y edificios singulares ese aire quijotesco de molinos de viento -como los cuatro que coronan el Cerro de San Antón) e hidalguía, como en su curioso Museo Casa del Hidalgo. También cuenta con un legado ferroviario muy potente -es raro que un paisano no tenga un familiar o antepasado vinculado al tren-.

Además, su oferta gastronómica, con acervo muy manchego, resulta muy interesante dentro de la comarca de la Meseta Sur. Recorremos las mesas y despensas de los Restaurantes Guía Repsol y de los Soletes que lucen en el municipio alcazareño.

La Rabiosa: los callos más top

“Le pusimos La Rabiosa al restaurante porque es el nombre de una de las jotas más populares del folklore ciudadrealeño”, explica Juan Delgado, que empezó en el mundo de la hostelería en su pueblo, la vecina Consuegra. En 2020 abrió este Restaurante Guía Repsol (RGR) junto a Alejandro Martínez, alcazareño que dirige con soltura la sala. La cocina está muy ligada al mercado de temporada. Tanto el menú diario (35 euros) como el menú de carta abierta (40 euros) suelen cambiarlos cada semana. “Nos gusta mucho trabajar la despensa y el recetario manchego, con algunos guiños de cocinas asiáticas o mexicanas, pero muy sutiles”, apunta el chef.

Postre y propietarios de La Rabiosa en Alcázar de San Juan (Ciudad Real).
Alejandro Martínez (sentado) y Juan Delgado, propietarios de La Rabiosa.

La caza, con el final del verano, comienza a tomar protagonismo en la carta. La mayor (jabalíes y ciervos) se la traen de la localidad toledana de Torrijos, mientras que las perdices son de la provincia y están presentes casi todo el año en su paté de perdiz escabechada con membrillo y pistachos. También atraen a muchos clientes los torreznos a baja temperatura o sus arroces secos, “que aprendí de la mano de la mexicana Carolina Álvarez, mano derecha de Quique Dacosta [ahora al frente de Flores Raras, Valencia]”. Pero, sin duda, lo que más fama le ha dado a La Rabiosa son sus callos. “El producto es de primera calidad, de nuestro proveedor cárnico local, Toni Ortega. Los preparo en olla de barro sobre placa, y no llegan a hervir, sino que se hacen muy lentamente. El compango de la elaboración es asturiano, aunque el que se sirve en el plato es manchego. Mis callos, que fueron reconocidos como los mejores de Castilla-La Mancha, tienen un toque ahumado y picante de chipotle, en vez de guindilla”.

Platos de La Rabiosa en Alcázar de San Juan (Ciudad Real).
Una versión actualizada del recetario manchego.

El comedor, que dirige Alejandro, está decorado con elementos que evocan las antiguas casas de pueblo, con su ladrillo toledano, sus telas alpujarreñas vistiendo los asientos, las persianas alicantinas o las espigas de trigo. “Otro de nuestros rasgos más distintivos es la vajilla artística. En la cabeza loca de Don Quijote servimos platos con toques picantes, en los molinos de viento los snacks y el postre sobre la falta de la jotera manchega”, repasa el jefe de sala, que destaca también que el 80% de su bodega son referencias de esta tierra vinícola.

Casa del Preso: erizos, wagyu y sushiman

En medio de la Meseta Sur, rodeado de campos de cereales, viñedos y olivares, podemos encontrar una carta con la presencia de erizos gallegos, gamba blanca de Huelva, atún rojo de Almadraba, langosta menorquina, jamón marino, black angus de Nebraska o wagyu japonés. “Somos un restaurante atípico en La Mancha”, reconoce su propietario y jefe de cocina, José Castro. Hijo de hostelero, madrileño de nacimiento pero con 20 años ya en Alcázar, decidió bautizar a su elegante establecimiento de tonos negros y aires asiáticos como La Casa del Preso (RGR) igual que un paraje natural y vitivinícola de la comarca, “y para que no se nos olvide que esta es nuestra prisión diaria”, añade entre sonrisas.

Restaurante Casa del Preso, de Alcázar de San Juan (Ciudad Real).
Pescados, mariscos y sushi como protagonistas de la carta.

Las brasas, ahumados y asados, así como una tentadora selección de pescados y mariscos que se exhiben en la barra, son la columna vertebral de la oferta de La Casa del Preso, que cuenta con el sushiman filipino Joven Llagas para la preparación de nigiris y sushis. Entre los platos con más éxito, Castro cita el erizo con tartar de gamba y plancton, el cabracho frito en tempura de cerveza de maíz o la ensaladilla, “donde hemos sustituido las patatas por carne de centolla y acompañamos de atún rojo en crudo”. Si coincide con el cierre de la temporada de invierno, no puedes perderte su cocido del presidario, “con un caldo que preparamos durante 72 horas”.

Restaurante Casa del Preso, de Alcázar de San Juan (Ciudad Real).
José Castro, propietario y chef de Casa del Preso.

Pero, sin duda, el otro de los grandes polos de atracción que tiene este restaurante en toda la comunidad es su sorprendente bodega, con más de 350 referencias, muchas de ellas singulares y etiquetas exclusivas (Vega Sicilia Único, O Soro -de Rafael Palacios en Valdeorras-, Dominio de Águila -albillo real de Ribera del Duero-, Lapena (Ribera Sacra) o champagnes de los principales châteaux franceses. “Para mí, los blancos son vinos mucho más agradecidos, aunque tenemos grandes tintos también. De hecho, en dos años tengo pensado sacar a bodega unas 300 botellas que tenemos de blancos de guarda”, anuncia con orgullo Castro.

La Mancha: menú muy quijotesco

Decía Sancho Panza que “los duelos con pan son menos”. El comedor y la amplia terraza del restaurante La Mancha suelen colgar a diario el cartel de completos, pues es uno de los destinos favoritos de los locales por su menú diario y sus generosos desayunos. Alfonso, Lourdes y Marta son los hijos de los fundadores, Eusebio y Daniela, que en 1971 abrieron este espacio donde se rinde tributo al recetario típicamente manchego.

A través de su carta o menú degustación (25 euros), en La Mancha (Solete Guía Repsol) se pueden degustar migas al pastor, gachas manchegas, duelos y quebrantos (revuelto de chorizo, jamón y tocino), perdiz escabechada, galianos (gazpacho caliente con pan ácimo y carnes), guiso de bodas (pollo en salsa acompañado con albóndigas de pan), asadillo de pimientos rojos y tomates, chuletas fritas con ajo, tiznao (bacalao con verduras), la fresca ensalada pipirrana en verano o la dulce bizcochada (tortas de Alcázar bañadas en una crema de leche aromatizada con canela, piel de limón y yemas de huevo). Siempre con la presta y amable atención del equipo de sala.

La Rosa: el mejor maestro chocolatero

De la fachada de la pastelería La Rosa cuelgan los múltiples galardones y reconocimientos: mejor maestro chocolatero español 2025; mejor pasta de té de Castilla-La Mancha; mejor bombón de España; mejor pastel de chocolate; seleccionado entre los 100 jóvenes talentos del Basque Culinary Center… Jesús Quirós (28 años) es la quinta generación al frente de esta confitería centenaria, que fundaron el día de la patrona de Alcázar, el 15 de octubre de 1917, sus tatarabuelos maternos Gregorio y Rosa. “Desde el principio ha tenido mucha fama este negocio. Rosa, la tatarabuela, se quedó viuda muy joven y siempre estuvo al pie del cañón. Las bellotas de mazapán del tío bisabuelo Demófilo eran muy apreciadas por el rey Alfonso XII. Y fueron mis abuelos, Aurelio y Olga, los que empezaron a traer a la localidad las novedades que descubrían en sus viajes por las ferias de Madrid, Barcelona o Rímini”, recuerda con detalle Jesús.

Jesús Quirós, pastelero de La Rosa en Alcázar de San Juan (Ciudad Real).
Jesús Quirós, mejor maestro chocolatero 2025.

Con el arranque del siglo XXI, se hace con las riendas del negocio la hija Rosa y su esposo Jesús, “que le dan una renovación al mundo de la repostería y los bombones. Además, unen los espacios de tienda-obrador y cafetería”. Ahora, un enorme mostrador acristalado en forma de U exhibe la amplia oferta de bollería artesana, palmeras, tartas, bambas de nata, pastas de té, pastelitos, bombones de todo tipo… “Elaboramos absolutamente todo a diario, desde las cremas -cuya receta original siguen conservando bajo candado-, mermeladas, ganaches, hojaldres… El mundo de la pastelería es un arte, pero con mucha técnica”, asegura Jesús, que se formó en la Escuela de Pastelería de Madrid y cuenta con un Máster en la de Barcelona.

Bombones de La Rosa en Alcázar de San Juan (Ciudad Real).
Los bombones son la especialidad de La Rosa.

A finales de agosto, coincidiendo con la Feria, arranca la temporada alta de La Rosa (con dos sedes, la original de la calle Emilio Castelar y otra, más pequeña, en la Av de la Constitución). Los buñuelos de crema, los mazapanes de almendras, los turrones artesanos, los panettones o los roscones de Reyes van sucediéndose en protagonismo. Para este 2027, Jesús repetirá su tradicional roscón solidario -más de 400 metros de longitud en plena calle- “y tratar de batir el récord Guinness del más grande del mundo”. Un bonito homenaje para estrenar los 110 años de historia.

Tradición 1892: flores fritas, rosquillos y perrunillas

Los tíos de Jesús Quirós, Luis Aurelio y Jesús Cortés Logroño, decidieron emprender su propio negocio de pastelería en 2008 con Tradición 1892. A ellos se sumó Mamen Fernández, esposa del primero y cuyo abuelo había cogido fama por sus tabletas de chocolate Los Glotones en la vecina Campo de Criptana. “Trabajamos mucho la pastelería y repostería tradicional, siguiendo el legado familiar. Nunca faltan nuestras pastas de té, hojaldres, tartas, enaceitados, bizcochos, bocaditos de nata, bombones, flores fritas, mantecados, perrunillas, pestiños de miel o rosquillos”, detalla Mamen tras un mostrador bien surtido y tentador.

En temporada, no faltan tampoco los huesos de santo y buñuelos o los mazapanes, turrones y roscones. Y en verano, los helados artesanos para combatir el calor. La sexta generación, el hijo Luis, ha emprendido su propio vuelo como chef pastelero. Formado en la Escuela de Pastelería de Barcelona, ha pasado por las cocinas de Robuchon, Samuel Galdón o Toni Xumeu. “Tiempo tendrá de volver al pueblo, si le apetece, a coger las riendas del negocio familiar”, admite su madre, mientras siguen saliendo del obrador cruasanes y milhojas de merengue para endulzar la merienda.

La Viña E: los calamares fritos de Carmen

Macario Vaquero adquirió a principios del siglo XX un lote de viñas a las que bautizó con el sencillo método del orden alfabético: Viña A, Viña B, Viña C y Viña D. El negocio de hostelería que iba incluido en esa compra, una taberna en la céntrica Plaza de España junto al Casino Principal -hoy sede del Ayuntamiento-, recibió el nombre de La Viña E. Hoy son los hermanos Macario, Diego, Maika y Francisco Javier, cuarta generación de la familia Vaquero, los que continúan la saga tabernera.

La Viña E es uno de los epicentros de la vida social de Alcázar de San Juan, que atrae a los amantes de los wine-bar por su amplia selección de vinos por copas, catas, degustaciones de etiquetas exclusivas o visitas de bodegas. Para acompañar el brindis, un picoteo de conservas premium y tapas y platos con productos que adquieren en el vecino mercado de abastos. Aún siguen teniendo muchos adeptos a sus calamares fritos, con la receta de Carmen -la madre de los actuales propietarios-, que durante décadas preparaba cientos de raciones los días de Feria.

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