Tres recetas con granos del mundo

Esta temporada ve al grano

Estos exóticos granos del otro lado del charco te conquistarán por su sabor intenso.
Estos exóticos granos del otro lado del charco te conquistarán por su sabor intenso.

Los granos tienen grandes cualidades alimenticias según los últimos estudios. Te explicamos tres recetas con orígenes en culturas lejanas a las que Rosa Tovar, nuestra chef colaboradora, les ha dado una vuelta, actualizándolas y occidentalizándolas.

Hay multitud de productos vegetales en la alimentación humana que se presentan en forma de grano, bien porque son las semillas enteras de plantas de distintas familias vegetales, bien porque están troceadas para hacerlas más pequeñas.

En el Mediterráneo estuvieron desde siempre, entre ollas y pucheros, cereales como la cebada o el trigo, estos mismos troceados como la sémola de ambos o tratados como el burghul de trigo, la malta de cebada, o la sémola precocida al vapor, además de otros granos del norte de África y algunas partes del sur europeo.

No siempre están emparentados con los cereales comunes a las culturas de la Europa mediterránea ni fueron muy bien considerados en aquellas de herencia romana por su rusticidad, pero la ciencia moderna les ha adjudicado en los últimos tiempos grandes cualidades alimenticias. Esa es la razón de que se encuentren entre los granos más conocidos de la alimentación moderna mijo, sorgo, teff y formas antiguas del trigo, como la escanda o espelta, emparentada con el trigo duro y su sémola, con la que los romanos hacían su pulentum, el plato de gachas de la población en general.

Del oriente asiático han ido llegando a nuestro ámbito occidental otros granos, como alforfón o trigo sarraceno, una poligonácea originaria de Manchuria y Siberia. Del Nuevo Mundo, entre otros muchos, sémola de maíz, casi siempre amarillo, chía, quinoa, amaranto o arroz salvaje, Zinzania palustris, natural de los Grandes Lagos, que nada tiene que ver, desde el punto de vista botánico, con el arroz, Oryza sativa.

Rosa Tovar preparando un tamal de maíz relleno de setas.
Rosa Tovar preparando un tamal de maíz relleno de setas.

Tanto los granos americanos como los asiáticos y algunos de los africanos tienen la ventaja de que no contienen las formas de gluten que afectan a los intolerantes a las proteínas del trigo y otros cereales, que conocemos como celíacos. Sus proteínas características, sin embargo, son de gran calidad nutritiva, por lo que se han ido integrando en nuestra alimentación.

En las recetas que se presentan a continuación, con orígenes en culturas lejanas, he aplicado los cambios que me han parecido convenientes y he introducido las técnicas o ingredientes que para mí son más habituales. Son más sencillos de hacer para los europeos y sus ingredientes más fáciles de encontrar.

Quinoa sin atamalar con gambas

  • ½ diente de ajo, picado.
  • 16-24 gambas, según tamaño.
  • 1 ají colorado o amarillo pequeño, o la mitad de uno grande.
  • 1 cebolla, picada.
  • 200 g de tomate cherry kumato, partidos al medio.
  • 250 g de quinua.
  • 2 puñados de cacahuetes pelados crudos.
  • 4-5 cucharadas de aceite de oliva.
  • Agua.
  • Sal, pimienta, orégano.


La quinua (o quínoa y hasta quínua, del quechua kínua o kinúwa, según la RAE) es uno de los granos sagrados de las poblaciones de América del Sur que los colonizadores españoles procuraron hacer desaparecer de los campos, como ha ocurrido siempre con los símbolos de los pueblos conquistados a lo largo de la historia en todos los imperios colonizadores.

Su consumo quedó relegado a los rincones más aislados y su integración lenta en la cocina criolla no comenzó hasta bien entrada la independencia de la metrópoli de estos países de la región andina de los que este grano es originario: Perú, Ecuador y Bolivia.

La quinua pertenece a una subfamilia dentro de la familia de las amarantáceas, por lo que está emparentada con el amaranto norteamericano, y luego se ha extendido a otros países del continente. Existen diversas variedades con colores diferentes y la más extendida en España es la de color tostado.

Quinoa sin atamalar con gambas

En estado natural contiene saponinas, unos compuestos que la protegen del ataque de plagas por su sabor amargo y que no conviene ingerir. En general, la que se expende envasada ya está lavada, sin saponinas pero, por precaución, conviene comprobarlo con un remojo en agua abundante en la que no formará espumas cuando está ya lavada.

Se puede cocinar atamalada, es decir, convertida en una masa densa y hasta dura, como de tamal que, como se sabe, es como un pastel encerrado en hojas de maíz y cocido al vapor o en agua, que se hace la mayor parte de las veces con maíz fresco, seco rallado o molido. Para nuestro gusto es preferible que resulte suelta, esponjosa, como un arroz, otra de las formas de cocinarla en aquellas culturas culinarias.

Ingredientes: Quinoa sin atamalar con gambas.

ASÍ SE HACE:

Comenzar por comprobar que la quinua está lavada remojándola en agua. Escurrirla en un colador y poner un cazo con ¾ de l de agua salada a cocer para la quinua. Dejar que escurra lo que tarda en hervir el agua. Pelar las gambas y guardar cabezas y cascarones para otro plato o caldo de marisco.

Preparando los anacardos

Calentar el aceite en una sartén o un wok amplios. Freír los cacahuetes sobre fuego mediano hasta que se doren muy poco, retirar, reservar a un lado, y echar en la sartén o el wok la cebolla, el ají elegido y el ajo, para que se sofrían despacio, a fuego no demasiado fuerte.

Cuando las verduras estén a punto de dorarse, echar en lluvia sobre el agua ya hirviente con sal la quinua escurrida y revolver con una espátula de palo; vigilar el tiempo de cocción indicado más abajo. Añadir al sofrito el tomate, subir el fuego, salpimentar y espolvorear con un poco de orégano.

En cuanto los tomates estén un poco sofritos pero aún no hayan perdido la forma, añadir las colas de las gambas, para que se sofrían lo justo, no demasiado, probar de sazón y corregir si hace falta. El salteado no deberá tener mucho líquido, solo estar húmedo, jugoso.

Cuando la quinua lleve cociendo unos 12 minutos, colarla de inmediato, sin espera, para retirar el exceso de líquido y extenderla en una fuente grande, para que pierda parte del calor y no quede atamalada.

Ya templada revolverla en la sartén con el sofrito, pasar a los platos o la fuente y esparcir por encima los cacahuetes o manís. Servir de inmediato.

Tamal "de fuente" de Potosí con 'recado' de setas

  • ½ escasa de sal.
  • 100-150 g de queso manchego, Mahón, majorero, al gusto.
  • 100 g de sémola natural de maíz –no precocida—ecológica u orgánica, integral si se desea.
  • 100 ml de vino blanco seco, un fino o manzanilla son perfectos.
  • 15 g de boletos secos –a remojo ½ h–.
  • 1 ají amarillo mediano, picado –sin semillas si asusta el picante–, opcional.
  • 1 cebolla dulce pequeña, en lonchas.
  • 2-3 vueltas de molinillo de pimienta.
  • 3-4 cucharadas de aceite o mantequilla.
  • 400 g de boletos frescos o de mezcla de setas, en lonchas.
  • 750 ml de agua o leche.
  • Sal, pimienta.

El maíz es una planta gramínea perteneciente a la misma familia que el trigo, la podaceae, y al género Zea. Pese a estar emparentado con el trigo, las proteínas de su gluten, maizina, no crean problemas de intolerancia a los celíacos.

Es originario de América y, a lo ancho y largo de todo el continente, ofrece en sus panochas, granos de todos los tamaños y colores, desde el blanco enorme y el azul hasta el morado casi negro que llega a ser muy pequeño, pasando por todos los matices del amarillo y el rojo. El amarillo es al que estamos más acostumbrados en nuestro entorno occidental europeo y, en su continente de origen, es el de este color el que se encuentra en sémola con más frecuencia, sobre todo en las grandes ciudades.

El parecido que la cocción del maíz molido o amartajado o quebrado y la de la sémola de trigo duro para las pulentum romanas ha propiciado que el maíz, el granturco, como se llama en italiano, haya sustituido por completo, y con mucha ventaja, al trigo en las polentas actuales, pues es más sabroso.

Entre las variedades incontables de tamales, humitas con relleno y otras preparaciones semejantes, en general de masa cruda y a veces de maíz fresco rallado, tanto blanco como amarillo, en algunas regiones de América, sobre todo del sur, los hay que se hacen con sémola de maíz cocida que, entre dos capas de esta masa, encierran un relleno, un recado, como dicen los mexicanos, o cubren el recado que llena el fondo de la fuente, como el pastel criollo del norte de Argentina. Los recados son, en general, de carne con buenos sofritos y ají al gusto, pero se pueden sustituir por verduras, setas en este caso.

ASÍ SE HACE:

Poner las setas secas a remojo durante una ½ hora antes de empezar.En una cazuela calentar el agua o la leche con la sal y la pimienta. Cuando hierva, echar en lluvia la sémola de maíz. Remover y dejar cocer unos 20 minutos, pero vigilar y remover, de vez en cuando, para evitar que se pegue. Encender el horno a 175 ºC.

Retirar la masa de maíz del fuego y añadir la tercera parte del queso rallado o en lonchitas y el ají bien picado, aunque es opcional –las masas rellenas en los países andinos, como esta y la de la causa de patata peruana, suelen llevar un poco de ají para darles vidilla–.

Revolver con insistencia y extender un poco más de la mitad de la masa en el fondo de una fuente que pueda ir al horno y a la mesa para cuatro raciones, de porcelana o de barro.

Esparcir por encima el estofado de setas y sus jugos reducidos, para cubrir con la mitad escasa que queda de masa de maíz en una capa lo más fina que se pueda. Repartir el resto del queso e introducir en el horno hasta que se dore y se caliente todo. Servir de inmediato.

ESTOFADO DE SETAS:

Calentar el aceite o la mantequilla en un cazo o sartén, y sofreír la cebolla 2-3 minutos. Echar las setas en lonchas y los boletos secos bien escurridos y troceados. Salpimentar y sofreír sobre fuego vivo 2 o 3 minutos.

Añadir el vino y dejar dar unos hervores. Quitar del fuego, tapar el cazo y reposar unos minutos. Retirar las setas y la cebolla, que ya se pueden colocar sobre la primera capa del tamal del cazo o sartén y volver a colocarlo sobre el fuego para reducir el exceso de líquido.

Consejo: Como es natural y si se desea, este plato se puede preparar con la sémola de maíz precocida que se expende en el comercio para polenta italiana.

Amaranto con azúcar, limón, agua de azahar y frutos

  • 1/2 granada (en temporada).
  • 150 g de amaranto.
  • 1 cucharada de agua de azahar.
  • 1 pellizco de sal.
  • 1 puñadito de alfóncigos o pistachos.
  • 1 puñadito de piñones.
  • 1 puñado de pasas.
  • 1 tira de piel de limón o lima y juliana de la piel para el adorno.
  • 4 cucharadas de azúcar cruda o panela al gusto.
  • 500-600 ml de agua.

Las muestras arqueológicas de granos de amaranto hallados en Tehuacán, Puebla, indican que es nativo de Norteamérica, y su cultivo se extendió durante los periodos maya y azteca a toda Mesoamérica y, más tarde a América Central y del Sur. Es otro de los granos sagrados y simbólicos de las culturas americanas, por lo que los colonizadores españoles, también en este caso, hicieron todo lo posible para eliminarlo de las tierras de cultivo prohibiendo su siembra.

Instituciones culturales y pedagógicas de México vinculadas a la cocina velan por la defensa y difusión de las bondades del amaranto. Se encontraba siempre en los bordes de las huertas familiares (que se regían por un agrosistema conocido como la milpa y la xinampa) junto a setas y hierbas (los quelites), y por el cual, en el centro del huerto, se cultivaba el maíz, el frijol y la calabaza; un trío fundamental tanto para la alimentación de los humanos como para la regeneración del terreno sin necesidad de someterlo a rotaciones periódicas de cultivos.

Cuando se tuestan los granos de amaranto en un comal o plancha sobre el fuego, se abren como los del maíz en palomitas diminutas. Cambia su color tostado por el blanco chillón. Se llama entonces amaranto reventado y se utiliza para adornar el exterior de dulces y golosinas y para esparcir sobre las compotas de fruta y los yogures del desayuno y otros platos, pues ya está cocido.

En este caso, el amaranto se va a trabajar como si se tratara de una sémola de trigo duro, un cuscús para entendernos, dulce y perfumado con los aromas clásicos del Mediterráneo español y del norte de África. Está muy bueno, una vez acostumbrado el paladar al sabor intenso y siempre exótico de estos granos.

ASÍ SE HACE:

Poner a calentar 600 ml del agua con la sal y la tira de piel de limón o lima. Mientras se calienta, meter las pasas a remojo del agua de azahar –moverlas de vez en cuando– y sacar la juliana para el adorno. Reservar.

Echar el amaranto en lluvia sobre el cazo con el agua y, cuando rompa el hervor, bajar el fuego, tapar el cazo y dejar en hervor suave unos 20 minutos. Vigilar por si fuera necesario añadir un poco más de agua.

Cuando casi esté en su punto, añadir el azúcar que se quiera –está mejor dulce pero sin exceso– y el agua de azahar con las pasas, además de los frutos secos. Remover y retirar la tira de piel.

Llenar con el amaranto unos aros de montaje sobre el plato o unos moldes de flanes individuales no demasiado grandes –o llenarlos hasta la mitad– con este dulce sabroso. Dejar enfriar antes de desmoldar y adornar con la juliana de piel, envuelta en azúcar si se quiere.

En su temporada, se puede adornar cada plato con unos granos de granada esparcidos alrededor. Reafirma los aires mediterráneos del postre.

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