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Santa Ana de Pusa

Piedras de granito alrededor del puente de Malpasillo

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En el oeste de la provincia de Toledo, a caballo entre las comarcas de la Jara y de los Montes de Toledo, Santa Ana de Pusa se asienta en un territorio de montes suaves y ondulados, bañado por arroyos estacionales y salpicado de sugerentes afloramientos graníticos. Los más espectaculares, especialmente en época de abundancia de agua, son los que contrastan con el cauce del río Pusa, que forma un valle de extraordinaria belleza paisajística. A su ribera puede acudir el viajero para rematar la visita al casco urbano de Santa Ana de Pusa, llamada “de Bienvenida” hasta el siglo XVIII, donde encontrará unas cuantas muestras de patrimonio arquitectónica. Entre ellas, la iglesia parroquial de Santa Ana, otro ejemplo más del estilo toledano, mampostería y ladrillo visto, aunque en este caso con numerosas reformas en el cuerpo principal y la torre. Es un templo pequeño, de una sola nave y una torre cuadrada en el cabecero. El mayor valor es el exquisito artesonado de la capilla mayor.

El patrimonio religioso lo completa la ermita del Cristo de la Salud, en la calle Calvario, de planta cuadrada y estilo popular. Se construyó en el s. XX en un antiguo cementerio.

Preside la plaza Mayor el Ayuntamiento, construcción también reciente pero de estilo tradicional. Es un edificio de dos alturas, porticado en la planta baja con cinco arcos. Sobre ellos, un balcón corrido y otros dos balcones pequeños a los lados. Y cerca se encuentra la primera fuente que hubo en el pueblo, en la calle del Reguero o del Concejo, con dos abrevaderos de granito adosados a la cubierta abovedada. Otras dos fuentes de interés son la fuente Fresca, adornada con cerámica de Talavera, y la fuente de los Burros, también con abrevadero.

La presencia de ganado en el pueblo fue muy habitual hasta hace no mucho, como puede apreciarse en el Museo Etnológico El Canchar: situado junto a las escuelas, recoge fotografías, útiles de campo y del hogar, libros, documentos… que ilustran sobre la cultura, costumbres y tradiciones del pueblo. (Para visitarlo es necesario pedir cita en el Ayuntamiento).

Hecho este recorrido, toca poner rumbo, como estaba previsto, hacia los dominios del Pusa, de cauce irregular a lo largo del año. Lo más llamativo es el puente de Malpasillo, de estilo neoclásico, que salva un mínimo desfiladero creado por el río. Fechado en 1852, tiene tres ojos y está construido en mampostería y ladrillo. Al lado están las ruinas del llamado molino del Tío Marico, con dos cubos para mover las dos piedras encargadas de moler el trigo. Es uno de los 11 que aún se conservan, mejor o peor, en la ribera del río. El puente de Malpasillo, por cierto, es un lugar perfecto para arrancar recorridos a pie. Hacia el norte, por ejemplo, se llega a la presa del Tío Pollo, la presa nueva y el puente de Calamocha.

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