Leandro Gil La Biblioteca

Restaurante ‘La Biblioteca’ (Pamplona, Navarra)

Cocinando hierbas y raíces en una biblioteca

Fotografía: Ana Oses

Actualizado: 12/04/2022

Cuando el chef Leandro Gil habla de la culinaria apegada al paisaje lo hace sin metáforas. Es lo que se ve y llega al plato, pero va más allá del concepto vegetal asociado siempre a la gastronomía navarra. Gil busca no solo en la superficie, sino en el subsuelo, en la oscuridad de las raíces, allí donde nadie mira o donde a pocos se les ocurre pensar en algo comestible. 'La Biblioteca' (2 Soles Guía Repsol), el restaurante más radical del 'Hotel Alma' de Pamplona, está concebido para descubrir nuevas texturas y sabores y dar protagonismo a productos que siempre figuraron en un segundo plano, o ni siquiera eso.

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Cuando se pasea a orillas del río Arga, en Pamplona, uno se fija en los sauces, en los patos, en los puentes, pero pocas veces en el suelo que pisa y mucho menos en las hierbas. El chef Leandro Gil no solo repara en ellas, sino que las mima y las mete en el plato, y después regresa y hurga bajo tierra para encontrar raíces o mira en los troncos de los árboles en su obsesión-amor por los alimentos vegetales sin pedigrí gastronómico. Su búsqueda y su talento confluyen en un proyecto singular, el restaurante ‘La Biblioteca’ del ‘Hotel Alma’.

Malas hierbas aperitivo
Tanto el emplatado como el servicio del aperitivo 'Malas hierbas' se lleva a cabo en el exterior.

“Yo soy muy fan de los conceptos, me encantan los restaurantes que conceptúan y marcan mucho. Tenía claro que quería ingredientes en desuso, mucho vegetal y del entorno más inmediato”, comenta el cocinero tudelano mientras husmea en el jardín de hierbas silvestres y aromáticas que tiene frente al comedor del restaurante. Es lo que se ve a través del ventanal cuando uno se sienta a la mesa, las protagonistas que, en un extenso menú degustación de 23 pases, poblarán las bocas de matices herbáceos.

La Biblioteca Restaurante Pamplona
La sala de 'La Biblioteca' solo dispone de espacio para 15 comensales.

Aquí no hay mala hierba

El chef las pone en valor desde la entrada. De este modo, el protocolo comienza en la recepción de un hotel de arquitectura vanguardista que se ubica en las afueras de la urbe, integrado en un entorno de praderas verdes. Se bajan las escaleras y se accede a la huerta donde el cocinero recibe a los comensales. Luego, un vermut con vistas a la campiña y al monte Ezcaba. Lo primero que llega al paladar persigue romper esquemas y abrir nuevos surcos en las papilas gustativas. Es un plato bautizado como Malas hierbas.

Cedro La Biblioteca
El sabor del cedro se concreta en la crema del piñón con aceite del árbol, piel de sus agujas e infusión de la piña seca.

“Es una declaración de intenciones”, revela el chef, “¿por qué son malas? ¿Porque son silvestres y nadie las cuida? Quiero que la gente las vaya probando y se dé cuenta de que están ricas, así que de malas, nada...”. Las hierbas en cuestión son la pimpinela, la milenrama y la siempreviva, y van acompañadas de una crema agria infusionada en romero. El vermut, por supuesto, tampoco se queda en lo típico, pues se elabora a base de un té de roca silvestre que recolectan en pueblos cercanos a las Bardenas Reales.

Leandro Gil chef
Leandro Gil apuesta por un concepto pegado al territorio hasta el extremo.

Cítricos, amargos, mentolados, dulces, picantes… la paleta de sabores a ras de suelo es inagotable, nos dicen. Y, además, barata. Está por todas partes. “La pimpinela la recogemos en ese prado de allí”, comenta Leandro señalando a la orilla del río, “tiene un olor muy sutil a nuez, muy suave y un gusto a pepino”. La gente tiene que ser consciente de a qué se viene aquí, nos comentan, pero todos saben que Gil saca oro y sabor de donde menos se puede esperar. Por ejemplo, de un cedro.

Vermut La Biblioteca
El vermut, elaborado a base de un té de roca silvestre, abre el menú degustación.


“Hay uno a la entrada del hotel. No tenía un archivo personal de a qué podría saber un cedro, así que hicimos pruebas durante seis meses. Tiene un dulzor especial. Usamos diferentes partes: del piñón hacemos un aceite, infusionamos las piñas...”, detalla Gil. “Y la gente, cuando sale de comer y ve el cedro, alucina. Es un plato que cumple con mis requisitos: ingredientes del entorno, un producto diferente y poco utilizado, y vegetal”.

Tartaleta Pichón La Biblioteca
Otra de las versiones es la tartaleta con base de algarroba, 'parfait' de pichón y rabanito.

Una experiencia íntima

El proyecto gastronómico de ‘La Biblioteca’ se gestó primero en el restaurante ‘Alma’ (1 Sol Guía Repsol), también alojado en el hotel, pero de corte más tradicional. La inquietud del chef, fogueado en cuarteles como ‘Akelarre’ (3 Soles Guía Repsol), ‘El Celler de Can Roca’ (3 Soles Guía Repsol), ‘El Molino de Urdániz’ (2 Soles Guía Repsol) y otros, le impulsó a aprovechar -en junio de 2018- el espacio de la biblioteca para crear una experiencia más íntima. Solo cinco mesas y un máximo de unos 15 comensales en un decorado que conserva ese aire pacífico y de lectura cuando no hay servicio, claro.

Piel de sandía La Biblioteca
Sorprende la piel de sandía encurtida con gelatina de agua de tomate, manzana y polvo helado de rábano picante.

Con los premios hoy acude gente de todos los rincones, pero también mucha clientela local con ganas de explorar. “Entiendo que en Navarra se ha trabajado mucho la verdura, pero nosotros queremos ir más allá y eliminar ese tipo de ingredientes nobles que la rodean, y quitar las almejas de un plato de pochas, por ejemplo. Se ha tendido a ennoblecer los platos porque se confiaba poco en las verduras. De momento, el público de aquí sale encantado”, alega Leandro.

Cocina La Biblioteca
El trabajo en cocina se realiza con una precisión milimétrica.

Menos es más

En ‘La Biblioteca’ se utiliza un tope de tres ingredientes por plato. La limpieza, la elegancia y la creatividad mandan. Además, la jerarquía se invierte. “Pues sí. Creemos que una simple cebolla puede ser protagonista en solitario o un ajo, sin ir más lejos. También hemos hecho platos donde enfrentábamos unos sesos de cordero y caviar, uno denostado contra otro megatop. ¿Cuál está más rico? Cada uno que decida”, remacha el chef. Su itinerario va por ahí y por lo que no se ve: las raíces de achicoria, de perejil, de cardo blanco, de brócoli…

Pichón La Biblioteca
El pichón, uno de sus clásicos, se elabora en varias texturas.

De este modo, el concepto de Gil se dirige hacia un reto creativo y técnico donde prescindir de carnes, pescados y otros recursos cotidianos le obligue a buscar nuevos caminos. Así, hasta lograr una montaña rusa vegetal. Es lo que se siente en la mesa cuando llegan platos como la piel de sandía encurtida con gelatina de agua de tomate, manzana y polvo helado de rábano picante, o ese monográfico arbóreo que consiste en una crema de piñón de cedro, aceite de cedro, piel de sus agujas y una infusión de la piña seca del mismo árbol.

Pechuga pichón
La pechuga llega a la mesa con el punto perfecto.

Conexión con el campo

El afán verdulero le viene al chef de crecer en una familia de agricultores de Tudela. Leandro creció en una huerta y dice que su I+D está en el campo, donde profundiza cuando va a visitar a su abuelo o habla con vecinos sobre cultivos. “Tengo una buena vara de medir. Por ejemplo, voy con mi abuelo y le digo: cuando cortes el cardo déjame la raíz. Y si se enfada es buena señal, porque estoy ante algo diferente”, cuenta. Así, siempre que puede también trata de pasear por la naturaleza sin perder detalle, posando sus ojos en las briznas que buscan la luz del sol y rumiando nuevas rutas sápidas.

Carro queso La Biblioteca
El clásico carro de quesos es una gran muestra de algunos de los mejores vascos y franceses.

No obstante, a pesar de su enfoque en ‘La Biblioteca’, todavía resisten platos como el pichón en tres servicios: en solomillo con esencia de navaja; en tartaleta con base de algarroba, parfait de pichón y rabanito, y en un consomé de pichón escoltando su pechuga y tierra de café. "Lo mejor es mezclar", aconseja Xavier Domínguez, jefe de sala. También hay hueco para un carro de quesos vascos y franceses que inunda la sala de aromas lácticos y campestres, y un postre de dulzor y textura peculiares: aguaturma frita con crema helada de raíz de achicoria y vinagre de manzana casero.

Campiña Pamplona Hotel Alma
No existe mejor comienzo que las vistas a la campiña y al monte Ezcaba.

"Para mí el futuro de los restaurantes es que cada uno proponga algo diferente al resto. Nosotros renunciamos a un montón de ingredientes para crear algo propio. Nuestra evolución será dejar el menú en un futuro solo con vegetales, es decir, raíces, plantas silvestres, verduras, hojas, partes de árboles… ", concluye Leandro. "Aquí, además, transmitimos la humildad de esos productos y que la despensa vegetal es infinita, no solo decoración".

‘LA BIBLIOTECA’ - Beloso Bajo, 11. Pamplona, Navarra. Tel. 94 829 33 80.
Postre La Biblioteca
El postre lo constituye una aguaturma frita con crema helada de raíz de achicoria y vinagre de manzana casero.